¿Quieres mirarlo así?

Este artículo pretende ser  una visión de esta situación que estamos viviendo desde otro ángulo más amable. Una perspectiva que, tal vez, no todos hemos sabido encontrar para mirar con detenimiento.

Vamos a pararnos a pensar cuántas veces hemos protestado o criticado el hecho de que los niños y niñas, adolescentes, jóvenes e incluso adultos, viven pegados a una pantalla. Ya sea para jugar, curiosear, echar un rato de ocio o trabajar, las pantallas han ocupado nuestro espacio de visión durante demasiadas horas al día. Pero la VIDA es eso que pasa ahí fuera, y pasa, ¡vaya si pasa!

El confinamiento, sin duda, es una situación dura. Pero siempre se ha dicho que el ser humano se reinventa en las situaciones difíciles, y que las dificultades sacan el lado más creativo y emprendedor de las personas. ¿Por qué no probamos a ver nuestro encierro desde ese lado del pensamiento?

Nos encontramos todos en casa, obligatoriamente, pero todos en casa. En condiciones normales ¿cuántos padres de adolescentes podrían afirmar esto mismo? Es curioso que muchos de nosotros hemos protestado porque en nuestros trabajos e incluso en nuestra vida, las tecnologías se están convirtiendo en algo imprescindibles y a nosotros nos pilla tarde o sin tiempo para aprender. Pues bien, tenemos a nuestro lado y por mucho tiempo seguido a “nativos digitales” que pueden ponernos al día. Un experto en casa al que preguntar siempre que lo necesitemos ¿se puede pedir más?

Por primera vez, en nuestro tiempo libre no podemos ir a otro lugar a disfrutarlo. Ya que nos quedamos en casa, ¿por qué no aprovechar el tiempo jugando con nuestros seres queridos? Seguro que más de una vez hemos dicho eso de “es que no tengo tiempo para jugar con ellos”. Ahora no hay excusas para no aprender a jugar sus juegos y, claro está, enseñarles los nuestros. Dejemos de decirles “en mis tiempos se jugaba a… y era mucho mejor que ahora” ¡Hagámoslo!

En muchos hogares el trabajo ha pasado a desempeñarse en casa, con los cambios que eso genera y el stress que los cambios suponen. Pasemos a verlo como un acercamiento de nuestros hijos al mundo laboral,  como una oportunidad de educar en el valor de la responsabilidad.

Y hablando de valores, qué mejor ocasión que esta para poner en alza el valor de la solidaridad, la empatía, el respeto y la caridad cristiana. Todas ellas, son áreas que deben desarrollarse y fortalecerse en estos tiempos. Ante esta situación, todos somos iguales y sólo podremos salir de ella si estamos todos juntos. En mi opinión, es el momento de aprender a valorar a nuestra familia, nuestros compañeros, amigos, vecinos, personas que siguen trabajando para garantizar nuestra salud y nuestro bienestar, etc. La interdependencia positiva humana se hace indispensable para seguir avanzando como sociedad.

¿Y qué me decís de los achuchones, los arrumacos, las caricias, los besos, los abrazos…? ¿Y el tiempo que pasábamos con nuestros amigos o seres queridos? La emoción que nos producen se verá incrementada cuando esta experiencia haya terminado. Su valor real se descubrirá cuando después de tanto tiempo restringidos, podamos derramarlos por todo lugar y persona que ahora tenemos tan cerca, pero tan lejos.

Vivamos este momento como una oportunidad para jugar como antes, bailar como nunca, cantar, cocinar, hablar de nuestras cosas (esas que no teníamos tiempo para contar), reír hasta llorar y disfrutarnos. Acortemos la distancia emocional que nos separa, ahora que la distancia física nos une. Y lo más importante. Cuando todo esto termine, porque va a terminar, ¡NO OLVIDEMOS NADA DE TODO LO APRENDIDO!

Fdo: Eugenio Mariscal.